TARATA: la reincorporación que nunca fue… una verdad que incomoda, una historia que distorsionada oculta el valor y resistencia de Tarata

La «reincorporación”  inexistente: el relato oficial borra 45 años de resistencia y sangre, frente a la ilegal y arbitraria invasión chilena.

I. LA GRAN MENTIRA: «REINCORPORACIÓN» PARA TARATA, «ENTREGA» PARA TACNA

Hay términos que pesan más que otros. Y en la historia de Tarata, la palabra «reincorporación» es una mentira institucionalizada que lleva décadas distorsionando la memoria de un pueblo que nunca dejó de ser peruano.

Porque la verdad jurídica, la que los tratados y los laudos arbitrales dejaron escrita en tinta indeleble, es tozuda y clara:

  • Tarata, 1 de septiembre de 1925: Desocupación de un territorio ocupado ilegalmente. Chile no devolvió soberanía porque nunca la tuvo. La intervención de Estados Unidos a través del Laudo Arbitral del Presidente Calvin Coolidge simplemente ordenó el retiro de las autoridades chilenas de una provincia que jurídicamente siempre fue peruana.
  • Tacna, 28 de agosto de 1929: Entrega y transferencia de soberanía en el marco del Tratado de Lima. Allí sí hubo una «reincorporación» en sentido estricto, porque Chile tenía posesión legal (discutible) sobre Tacna y Arica según el Tratado de Ancón de 1883.

Sin embargo, autoridades nacionales y locales —desde el Congreso de la República hasta la Municipalidad Provincial de Tarata— insisten en llamar «reincorporación» a la desocupación de Tarata. Han acuñado medallas conmemorativas, han aprobado proyectos de ley y han construido toda una narrativa oficial que borra de un plumazo 45 años de ocupación ilegal, abusos y resistencia armada.

¿Ignorancia? ¿Flojera mental? ¿O acaso una deliberada construcción de un relato patriótico que incomoda menos?

II. LOS 45 AÑOS QUE LA NARRATIVA OFICIAL QUIERE BORRAR

Entre 1880 y 1925, Tarata vivió la ocupación más violenta de su historia. No fue una «administración temporal» ni una «posesión en disputa». Fue una invasión sangrienta con todas las letras.

Los años 1923 a 1925 fueron los más violentos bajo la administración chilena. Con la complicidad de las autoridades ocupantes, los carabineros chilenos y grupos paramilitares nacionalistas emprendieron una campaña de intimidación, abusos y asesinatos contra la población tarateña. Hubo allanamientos, secuestros, robos y violaciones.

Y los tarateños no se quedaron de brazos cruzados. La resistencia se manifestó de diversas maneras: hubo quienes declararon abiertamente que votarían por el Perú en el frustrado plebiscito; hubo mensajeros que llevaban propaganda peruana sorteando los retenes chilenos; y hubo, también, resistencia armada.

Lo más penoso es que la mayor parte de estos crímenes se cometió poco antes de la desocupación de Tarata. Cuando ya se sabía que Chile debía desocupar el territorio, los abusos se recrudecieron. Y los familiares de las víctimas, al reclamar justicia ante las autoridades chilenas, obtuvieron solo respuestas insatisfactorias.

III. LA ÚLTIMA SANGRE: LOS CARABINEROS QUE MURIERON CUANDO TODO TERMINABA

La narrativa oficial presenta el 1 de septiembre de 1925 como un día de fiesta y «retorno a la patria». Pero la historia verdadera tiene manchas de sangre.

El 29 de agosto de 1925, a solo tres días de la desocupación, un carabinero chileno se dirigía montado desde el Retén Pistala hacia la Tenencia Chucatamani para comunicar la orden de concentración en Tarata y el abandono de la guarnición. Fue abaleado por emboscados en el camino.

Ese carabinero fue uno de los tres hombres del Regimiento Tacna que murieron en distintos ataques. El Comandante General del Cuerpo de Carabineros, el coronel Carlos Ibáñez, ordenó que los restos de los tres carabineros fueran llevados a territorio chileno y enterrados con «la mayor solemnidad».

Pero hay otro episodio aún más oscuro. El 19 de noviembre de 1925 —dos meses después de la desocupación— ocurrieron los llamados «Sucesos de Challaviento». Los pobladores de esa comunidad aimara, hartos de los atropellos, se enteraron de que el carabinero José Zurita Gálvez había violado a una mujer del pueblo. Atacaron el reducto donde se encontraba y lo ajusticiaron. Los diarios chilenos de Tacna denunciaron el asesinato de tres carabineros y el incendio de su cuartel.

¿Qué hizo la narrativa oficial con estos hechos? Los silenció. Porque reconocer que un tarateño mató a un carabinero chileno cuando ya se había ordenado la desocupación, o que una comunidad entera se levantó contra sus abusadores, es reconocer que Tarata no fue «reincorporada» pacíficamente: fue liberada a sangre y fuego por su propio pueblo.

IV. ¿POR QUÉ SIGUEN LLAMÁNDOLA «REINCORPORACIÓN»?

Porque es más cómodo, implica flojera mental. Porque «reincorporación» suena a fiesta, a abrazo fraterno, a retorno natural al redil patrio. Porque «desocupación» suena a lo que realmente fue: 45 años de invasión ilegal, violencia sistemática y resistencia heroica.

El Banco Central acuña monedas con la palabra «reincorporación». El Congreso aprueba leyes conmemorativas con ese término. Las municipalidades organizan desfiles y ceremonias bajo ese rótulo. Y los medios de comunicación repiten la consigna sin el más mínimo rigor histórico.

Pero la historia no se negocia. Y el pueblo de Tarata merece que se cuente su historia con la verdad que le corresponde: la de un pueblo que resistió 45 años, que sufrió abusos y violaciones, que vio morir a sus hijos y que, cuando pudo, tomó las armas para defender lo que era suyo.

V. UN LLAMADO A LOS TARATEÑOS: ¡RECUPEREN SU HISTORIA!

A los tarateños, a sus autoridades locales, a sus maestros y a sus estudiantes:

Exijan que se cuente la historia verdadera. No permitan que una palabra mal empleada —»reincorporación»— borre el heroísmo de sus antepasados. No permitan que una medalla conmemorativa o una ley del Congreso distorsione lo que realmente ocurrió en esos 45 años de ocupación.

Exijan que en sus centros educativos se enseñe la diferencia entre la desocupación de Tarata y la entrega de Tacna. Que los niños sepan que Tarata nunca dejó de ser peruana, que Chile nunca tuvo soberanía sobre ella, y que fueron los propios tarateños quienes, con su resistencia y su sangre, hicieron posible que el 1 de septiembre de 1925 el invasor tuviera que irse.

Exijan que sus autoridades locales dejen de repetir mecánicamente el discurso oficial y se atrevan a contar la historia con todas sus aristas: los abusos, las violaciones, los asesinatos, pero también la resistencia, la valentía y la dignidad de un pueblo que no se doblegó.

Porque la historia de Tarata no es la historia de una «reincorporación» pacífica. Es la historia de una desocupación conseguida a costa de 45 años de sufrimiento y resistencia heroica.

Y esa historia, la verdadera, merece ser contada.

Tarata, 1 de septiembre de 1925: no fue el día en que «volvieron» a la patria. Fue el día en que, después de 45 años de invasión, el invasor finalmente se fue por orden del Presidente de Estados Unidos. Y eso, señores, no es «reincorporación»: es liberación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *