LATINOAMERICA, en la NUEVA RUTA DE LA SEDA

El Dragón asusta al Águila Calva

Todo indica que las próximas batallas por la hegemonía mundial se librarán en LA y, de manera particular, en el Perú y Brasil en tanto sedes de las cumbres de APEC y el G-20 en noviembre de 2024, cuya connotación geopolítica no necesita demostración. China y EEUU preparan sus mejores armas. Como en pocas ocasiones, se pone en sobrecogedora vigencia aquellas sentencias de que “la guerra es la política continuada por otros medios” (K. Clausewitz, 1832) y “la política es la guerra continuada por otros medios” (M. Foucault, 1992).

Xi Jinping celebrará, a su manera, los 10 años del lanzamiento del gigantesco proyecto denominado La Nueva Ruta de la Seda (NRS)[1]cuando los días 16 y 17 de noviembre de 2024 se realice, en Lima, la Cumbre de APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico). La celebración incluye, como cereza en la torta, la inauguración del mega puerto de Chancay como uno de sus eslabones más importantes del sistema logístico y de transportes que unirá Latinoamérica con Asia.

Inicialmente, desde 100 años antes de la era cristiana, la Ruta de la Seda conectaba Europa, Egipto, Arabia, Persia, Somalia, India y China comerciando seda, especias, metales preciosos, porcelana, conocimientos, arte y cultura, entre otros. El Siglo XXI registrará la puesta en operación de la NRS que, además de Asia, Europa y África, incluirá a Latinoamérica. El principal protagonista y gestor es el presidente chino XI Jinping.

Más allá del desarrollo y cooperación que ofrece la NRS, China está comprometiendo multimillonarios recursos en casi 80 países con la seguridad de que eso fortalece su posición geopolítica global. Es claro que no solo es una cuestión de financiamiento, sino una inequívoca señal de avance geopolítico en su disputa con EE. UU. por la hegemonía mundial. En ese marco, los ingentes recursos que China está colocando en cada uno de los países involucrados en la NRS tienen un costo que adquiere una forma de lealtad con el Dragón, en cada circunstancia geopolítica que lo demande.

China y Latinoamérica

¿Es solo el acceso de China a la abundancia de recursos naturales que ofrece la región? Eso parece obvio. La presencia de China va más allá de clásicos esquemas de inversión y saqueo de recursos naturales. Su mayor interés radica en la necesidad de influir, de manera cada más determinante, en la economía y política regional. Eso es geopolítica pura y dura, en línea con sus objetivos estratégicos asociados a su disputa con EEUU por la hegemonía mundial.

A tal efecto, ha puesto en marchas diversas estrategias que incluyen financiamiento directo a países que lo soliciten, infraestructura como lo ha pedido el Perú para el Puerto de Chancay, ferrocarriles allí donde le pidan, etc. Hasta la fecha ya son más de 20 países (Bolivia, Chile, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú, Venezuela, Cuba, Ecuador, Jamaica, Trinidad y Tobago, Uruguay y otros) los que han establecido acuerdos con China ante la inquieta mirada de EEUU. No solo se ha expandido el comercio entre la región y China, sino se ha establecido una suerte de alianza estratégica implícita contra la posición de dominio por parte de los EE. UU.

Cuando Lula toma el poder en Brasil, se retoma la dinámica de acciones políticas y geopolíticas abandonadas por Bolsonaro, Macri, Lasso y otros gobiernos que prefirieron el alineamiento con EE. UU. La necesidad de encarar, desde Latinoamérica, la nueva fase de disputa por la hegemonía mundial cobraba sentido de urgencia. De allí que, en octubre-2023, se reunieron 12 países sudamericanos en Brasilia y consensuaron una “Hoja de Ruta” que definía un conjunto de acciones a futuro sobre la base de un compromiso firme de “restablecer un diálogo regular para impulsar la integración regional, promover la cooperación y proyectar la voz de América del Sur en el mundo”.

La celebración del décimo aniversario de la puesta en marcha de la NRS encuentra, entonces, a Latinoamérica dispuesta a ser parte activa y gravitante del juego geopolítico mundial que parece monopolizar China y EE. UU. Si bien los objetivos de desarrollo y cooperación de la NRS interesan a la región, queda también al descubierto que China quiere tener acceso monopólico en la explotación del litio, el “oro blanco”, cuyas mayores reservas mundiales se encuentra en territorios de Argentina, Bolivia, Perú y Chile. En resumen, pese a la incomodidad que genera lo del litio y la presencia de bases militares chinas en el Océano Indico y Pacífico, Latinoamérica tendrá más influencia geopolítica y EE. UU. ya no sería su principal socio comercial. El Águila Calva parece estar en retirada.

Para muestra unos botones. Según la CEPAL, el comercio entre América Latina y el Caribe con China aumentó exponencialmente entre el 2000 y 2022 pasando de US $ 14,000 mil Mills a US$ 500,000 mil Mills convirtiéndose en el segundo socio comercial de la región. El 93% de las exportaciones regionales a China, principalmente materias primas, son atribuidos a Sudamérica, sobre todo por la magnífica dotación de recursos mineros que ostenta, especialmente Perú, Chile y Brasil. Esta situación, sin duda, no agrada a EEUU.

Si se tiene en cuenta que el 55% del PBI mundial saldrá de los países que involucra la NRS, es evidente que estamos ante una revolución en el terreno de la economía y la tecnología, así como en el del sistema de transportes para pasajeros, mercancías e hidrocarburos. Todo parece indicar que la próxima gran batalla por la hegemonía mundial se llevará a efecto en territorio latinoamericano.

Perú y Brasil, anfitriones de dos cumbres de corte geopolítico.

Durante 2024, el Perú será sede de APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico) y el 16 y 17 de noviembre será la cumbre de los lideres de 21 países, en Lima. De manera curiosamente coincidente, el 19 y 20 del mismo mes, seremos testigos de la cumbre de los líderes del G-20 que tiene 19 miembros, en Brasilia. Ambos bloques exhiben una potencia sin límites y, lógicamente, reclaman para sí la primacía en todo orden de cosas.

Esa es la disputa por la hegemonía en la que tienen rol protagónico EE. UU., China, Rusia y Japón. En segunda línea aparece Canadá, Alemania, Francia, Italia, Arabia Saudita, entre otros. Mientras que, agrupados en una tercera línea, destacan Brasil y México que, de manera creciente, conquistan roles más protagónicos en el juego de la geopolítica global.

APEC, cerrará su ciclo en el Perú con la inauguración del mega puerto de Chancay, acto en el cual estará presente el mismísimo Xi Jin Ping. El puerto impulsará las exportaciones del Perú al Asia reduciendo a 10 días los 45 que hoy demanda exportar sus productos. Además, se beneficiará con un puerto tipo Hub para las importaciones de Latinoamérica desde todo el mundo. Pero lo más importante para Xi Jinping es que el puerto será un eslabón clave en la infraestructura portuaria de la NRS. De allí que la presencia del presidente chino en el Perú trasciende lo protocolar y la estupidez publicitaria que estaría buscando el gobierno de Dina Boluarte.

Las dos cumbres convierten a Latinoamérica en escenario geopolítico al más alto nivel. Como telón de fondo, EE. UU. y sus socios más cercanos, buscará impunidad a sus aventuras bélicas, mientras que oriente tejerá redes de conexión política y diplomática para minar las pretensiones de occidente. La guerra y la política, una vez más, de la mano.

¿Sería posible, desde el Perú, sacarles provecho a sus distinguidos visitantes?

Si el gobierno del Perú fuera un adalid de la soberanía y la democracia, podría poner en agenda de la APEC muchos temas, entre las cuales las siguientes parecen de una plausible viabilidad:

  1. Un programa de industrialización y manufactura que les permita salir de su condición de proveedores de materias primas y, con ello, diversificar la canasta exportadora.
  2. A tal efecto, proponer un Programa de Cooperación científica y tecnológica que coadyuve al cambio de la estructura productiva primario exportador de su economía.
  3. Amplia cooperación en materia de informática e inteligencia artificial, especialmente la que podría ofrecer China en el marco de la NRS.
  4. Respeto irrestricto al medio ambiente y la biodiversidad.

Sao Paulo, 1 de febrero de 2024


[1]Conocida también como “Iniciativa de la Franja y la Ruta”. La “Franja” se refiere a miles de kilómetros de sistemas de transporte terrestre, mientras la “Ruta” se refiere a otros tantos miles de kilómetros de vía marítima, incluyendo 10 de los puertos más importantes del comercio mundial.

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